La conservación de la naturaleza en sus distintas formas ha sido
practicada por el hombre desde hace milenios. Las primeras comunidades
agrícolas guardaban las semillas para sembrarlas ulteriormente. Los
señores feudales se ocuparon de conservar sus bosques para asegurarse la
buena caza. Y nadie tiene que decir a un agricultor que no debe cortar
los árboles frutales para hacer leña. Estas tres primeras actitudes
sobre cómo conservar los recursos son del tipo de lo más normal.
La
población humana se comportaba así cuando aún no había sobrepasado una
cierta dimensión y cuando todavía las riquezas de la Tierra parecían
inagotables.En contraste con lo anterior, las técnicas de conservación
de los re cursos naturales y su ciencia son de tiempos recientes.
Han
surgido de los cambios tecnológicos que aceleraron el crecimiento de la
población con sus consecuencias inevitables de cada vez mayor presión
sobre el medio natural. Hemos tenido que llegar a la hora actual para
percatarnos de las consecuencias de la pérdida de tantos recursos, algo
que está convirtiéndonos a nosotros mismos en una especie amenazada.
Sin
embargo, la ciencia y la tecnología, que tanto han contribuido a la
degradación ambiental, también pueden facilitarnos la supervivencia. Han
nacido nuevas instituciones con una perspectiva global sobre la
herencia natural del hombre y ha surgido la cooperación internacional
para salvaguardarla para las generaciones venideras.


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